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Reflejando a Cristo: Celoso como El por Heber Gallito PDF Imprimir Correo
Escrito por Heber Gallito   
Miércoles 26 de Septiembre 2007

Les quiero desafiar a que se miren como templo del Espíritu Santo y que se evalúen a ustedes mismos. ¿Están comprometidos con el Señor, su iglesia y la misión que tienen en el mundo? Dios quiere que seamos todo como Él. Por ello vamos a conocer alguna de sus características.

Debo reflejar lo que es El.

1- Jesucristo para conmigo es Celoso: Dios quiere que sea Celoso con Él.
2- Jesucristo para con la iglesia es Amor: Dios quiere que Ame a los hermanos.
3- Jesucristo para con el mundo en Santo: Dios quiere que sea Santo en toda mi manera de vivir.
4- Jesucristo para con el mensaje es Testigo: Dios quiere que sea testigo en este mundo.


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PARA CONMIGO EL ES CELOSO

Mucho se habla de que Dios es Amor, que Dios es Justo, que Dios es Paciente, Fiel y Todopoderoso. Pero ¿Has pensado en esta área de Su carácter? Muchas veces se presenta como el Fuerte y Celoso. El Fuerte es fácil de aceptar y reconocer. Pero ¿Celoso? Con respecto al compromiso con Su Persona escucha bien: ÉL ES CELOSO. “Porque Jehová, tu Dios es fuego consumidor, Dios celoso” (Dt. 4:24) Él se autodenomina Dios Fuerte y Celoso (Ex. 20:5; Dt. 5:9) Se identifica como un Dios Celoso y vengador (Nah. 1:2) El nombre de Jehová es Celoso (Ex. 34:14) Podemos provocarlo a celos (Sal. 78:58; 1 Co. 10:22) Podemos moverlo a celos (Dt. 32:21) Podemos despertarlo a celos (Dt. 32:16) En las figuras acerca de sus reacciones leemos que el celo forma parte de su vestuario cuando decide mostrar su ira: “pues de justicia se vistió como de una coraza, con yelmo de salvación en su cabeza; tomó ropas de venganza por vestidura y se cubrió de celo como de manto” (Is. 59:17) El celo es tener un fuerte y ardiente deseo por algo que lo hace exclusivo. El celo si está mal orientado es pecaminoso, por ello está bien ser celoso pero serlo con “el celo de Dios” (2ª Co. 11:2). Se puede decir muchas cosas de un celoso pero hay algo que no puedes decir y es que es indiferente o que es superficial y no comprometido con la causa o persona sobre la cual está celando. Cuando Pablo es presentado en Jerusalén le dicen que entre ellos hay muchos judíos que se habían convertido a Cristo y “todos son celosos por la ley” (Hch. 21:20). Esta era una credencial que alababa a los creyentes. Eran celosos por la Palabra de Dios. La ley incluye no solo el Pentateuco, sino también los demás libros históricos, los salmos y los profetas. El ser celoso por la Palabra de Dios no es una característica que escuchemos mucho de los jóvenes cristianos del siglo XXI. Pero es lo que Dios anhela que tengamos. Él quiere que tengamos “celo” por la Palabra escrita y enseñada. Esto está en la Biblia. Y los celos de Dios no son como los nuestros, en realidad el ser celoso es uno de los frutos de la carne. Dios no tiene ese tipo de celos, no posee los celos pecaminosos que los seres humanos podemos experimentar. Fueron los celos lo que llevaron a Jesús a limpiar el templo en dos ocasiones: al comienzo de su ministerio y al final (Jn. 2:13-22; Mt. 21:12-17; Mc. 11:15-19; Lc. 19:45-48). Si miras con detenimiento estas dos experiencias verás algo que tal vez puede sorprendernos. La primera vez Él hizo un azote de cuerdas, la segunda vez no fue necesario, directamente echó a todos. La primera vez le enfrentaron pidiendo señal, la segunda vez nadie le dijo nada. En la primera limpieza dijo que ellos habían convertido la casa del Padre en casa de mercado. En la segunda dijo que la casa de oración la habían convertido en cueva de ladrones. La primera vez la expresión de su celo en sus acciones fue mayor que la segunda, pero las palabras que dijo en la segunda oportunidad fueron más fuertes. Estas reacciones dejaron una marca en todos los apóstoles. Estos incidentes están en los cuatro evangelios. Los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) describen la segunda limpieza y el evangelio teológico (Juan) describe la primera limpieza. ¿Qué dijeron la primera vez los discípulos? ¿De qué se acordaron? De la Palabra de Dios que decía “el celo de tu casa me consume”. Ellos dijeron “esta reacción es porque Jesús es celoso”. Y esto mismo interpretaron los demás. Y nadie se podía oponer. La segunda vez cuando sacó a todos, los mismos cambistas que habrían estado la primera vez habrían dicho “bueno, bueno, mejor nos vamos” y todos salieron. Ni siquiera tenían que decir “es por los celos” ya lo sabían. Imagina a un esposo que llega a la casa y se encuentra que sus niños junto con los vecinitos se han metido en el taller que tiene atrás y han empezado a usar las cosas para jugar. Uno está con el torno prendido, el otro está golpeando el tablero de las herramientas con un martillo, el otro ha prendido un soplete y se dispone a poner la llama en la morsa. Apenas entra se saca el cinto y se arma un revuelo terrible, les reta, les da unos chirlos a sus hijos y con voz fuerte les dice “¿Cómo se les ocurre jugar con estas cosas que no son de ustedes, que me costaron mucha plata y además la pueden estropear?” La esposa se acerca para calmarle pero el hombre dice “No es que han convertido mi taller en una sala de juegos”. Todos los presentes dirán “Uauuu parece que no le gustó para nada” Y la mamá les explica a los chicos “es que él es muy celoso de sus cosas”. Ahora imagina la próxima vez, años después cuando al entrar al taller se encuentra con que sus hijos ya mas grandes están en el taller pero ahora ya no es para diversión…. Ahora están cobrándole a los vecinitos para que vayan al taller a jugar”. Apenas llega el papá todos dicen “uuuu metimos la pata, se nos viene de nuevo” Uno de los chicos que está por primera vez pregunta “¿Porqué tu papá se pone de todos los colores?” y su hijo le responde “es que él es muy celoso de sus cosas”. Y entonces al ver la escena el padre ruge “esto es ya una cueva de ladrones” El reto es mayor pero los chicos salen más rápido del lugar. ¿Por qué? ¿Por qué no discuten? Porque saben cómo es su papá. Es celoso de sus cosas y si juegas con ellas se viene el mundo abajo. Ahora déjamelo decirte cómo es Dios. Él es celoso de sus cosas y tú eres templo del Espíritu Santo. Te compró con su sangre y es muy celoso de ti. No trates de darle vueltas al asunto. Puedes razonar contigo mismo, con tus amigos, con los hermanos de la iglesia que no es tan así. Que hay que mirar las intensiones, que Dios sabe, que no hay que tomarse tan a pecho la vida cristiana. Está bien leer de vez en cuando la Biblia, orar y obedecer pero “tampoco es la pasión”. ¿Sabes? Esto es jugar en el taller de Dios, es hacer de tu vida en vez de la casa del Padre la casa de mercado. Dios es celoso. Cuando tomas a la ligera sus cosas recuérdalo Él está ofendido. Te guste o no, apréndelo. Recuerda que Él es Fuerte y Celoso. No harás cambiarle. Dios es así, y no tiene otra forma de ser…. Es Dios, y no cambia. Cuando pasas mas tiempo ante la pantalla del televisor que ante su Palabra, cuando pasas mas tiempo escuchando música que escuchándole a Él, cuando inviertes tus energías más en buscar tu gratificación que obedecerle solo a Él. Entonces has convertido la casa del Padre en casa de mercado. Y si luego que llega a ti la primera vez no aprendes, Él tratará de nuevo contigo, pero en Su concepto no serás un negociante sino un ladrón. Alguien que quiere sacar lo mejor de Dios y lo mejor del diablo. Jesús no hacía esta limpieza todos los días, no tenía una policía limpia templos o un comando “rompe-costumbres” Él lo hizo en al menos dos oportunidades. Presta por favor atención ahora querido joven. Dios es Celoso pero no Cargoso. Él hace irrupciones en tu vida cuando estás haciendo mal las cosas, viene, te habla, saca el látigo te grita, tira las sillas para que te muevas, limpia las mesas para que cambies de dieta, abre las jaulas de la paloma del Espíritu Santo para que Éste pueda moverse libremente y hacer su obra en ti. Pero luego dejará que tu sigas con tu vida. Presta atención porque esta puede ser una de esas irrupciones que hace el Señor. Puede ser que no te has dado cuenta de sus celos. Pero Él trata contigo aquí y ahora. Él te dice saca YA lo que está fuera de lugar. Examínate, mira tu vida. Renueva hoy tu compromiso con el Señor.

¿CÓMO SER CELOSO COMO EL?

PRIMERO Trata con el Pecado:

El celo de Finees hizo detener el fuego del celo de Dios (Nm.25:11) Finees alanceó a los que jugaban con Dios. Específicamente ¿Cuál es el pecado que te está enfriando? Toma tiempo por favor para ver cual es y alancéalo. Confiésalo al Señor. Lee Gál. 5:19-21 Finees no trató de razonar con esta pareja, no les dijo “miren no lo hagan aquí”. Directamente juzgó, mató.

SEGUNDO Trata con el Propósito:

El celo de Elías le hizo correr durante 40 día para estar a solas con Dios (1ª R. 19:10, 14) Su visión era una sola LA PRESECIA DE DIOS. Caminó, corrió… no se detuvo. Cuando faltaban las fuerzas… corrió. Cuando faltaba el aliento… corrió. El destino era solo la casa de Dios, era la Presencia de Dios y al llegar dijo “he tenido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos”. Imagínate que durante el viaje hubiera dicho “bueno, de paso voy a visitar a unos amigos… o … no importa lo que fuera…. él solo corría hacia Dios. “Una sola cosa hago” decía Pablo. El Señor podría usar cualquier figura para mostrarnos que en su corazón está la demanda de exclusividad. Pero Él ha escogido usar el lenguaje de los celos, y por ello muchas veces los ilustra como la relación matrimonial. Y se presenta como el esposo que es traicionado por su esposa, la cual le es infiel. Su pueblo Israel se prostituyó detrás de los dioses, y esta idolatría era considerada infidelidad ante Dios. Lo que Dios exige para quienes le siguen es que Él sea el cien por cien de su meta. Por eso el mandamiento se resumía “Amarás al Señor con todo” y de allí se describían las áreas “todas tus fuerzas, toda tu alma, todo tu ser, todo tu corazón, toda tu mente”. No hacerlo así es traicionar su amor. Por un momento imagina a un novio o esposo que espera que el cien por cien del tiempo su esposa esté ocupada en él. Y si ella mira a otro hombre le hace una escena en público. ¿Qué dirías de él? ¡Ehhh…. que celoso! Bueno, así es Dios. El es muy celoso. Y no se trata de que sus sentimientos sean enfermizos, o que Él espera que estemos todo el día orando y leyendo la Biblia sin ocuparnos de sustentar a los nuestros. No. Él espera que toda tu vida esté enfocada en Él. Sí. Toda. El punto es que Él no acepta que digas que le seguirás a medias. Es todo o nada. Por eso Cristo dijo “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia”. En Lucas 14:25-33 Jesús marca las condiciones para ser un seguidor suyo y lo hace en una forma negativa. Veremos los “No puedes…” de Jesús: Si no dejas tus afectos, Si no dejas tu voluntad, Si no dejas tus posesiones, No puedes ser un seguidor de Cristo. Ningún afecto puede ser mayor que tu amor por Él. Por Cristo eres un peregrino. Debes incluso estar dispuesto a renunciar a tu vida por Él. Por Cristo eres un crucificado. Debes estar dispuesto a renunciar a tus posesiones por Su causa. Por Cristo eres un extranjero. ¿Ves como hay celo aquí? ¿Percibes el costo que pide Jesús?

TERCERO Trata con la Pasión:

El celo de Jehú (2 R. 10:16) Fríamente eliminó al rey. Había un problema y lo eliminó. Esto es lo que hizo Jesús cuando limpió el templo. No solo sacó las cosas que estaban fuera de lugar (tratando con el pecado), sino que sacó todo (tratando con el propósito) pero además no permitió que ninguno atravesara por allí (tratando con la pasión, aún lo lícito que podía estorbar).¿Qué cosas lícitas pueden ser los reyes que te quitan la pasión por el Señor? Pueden ser cosas que no están mal, pero que te impiden el celo. ¿Es la música, el celular, la PC, los cd, la lectura? Sea lo que sea hay que eliminarlo.(Ej. El rey, los guardas y el jarrón)

CONCLUYENDO:

El celo de David (Sal. 119:139) era por la Palabra de Dios, que había sido dejada de lado por los enemigos de Dios. El celo de Jesús era por la casa del Padre. El celo de Pablo (2ª Co.11:2) Entre las cartas de Jesús a las iglesias que fueron dictadas por sus labios y fueron escritas por el apóstol Juan hubo una que es una reprimenda para los cristianos del último siglo. Es la carta a Laodicea, donde dice “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojala fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca…. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete” (Ap. 3:15, 16, 19). El Señor conoce. Hay quienes excusan su tibieza diciendo “pero el Señor sabe”. Le preguntamos acerca de su compromiso con el Señor y dicen: bueno, Dios sabe que en la situación que estoy viviendo es muy difícil…. Esto es muy peligroso, pues justamente EL SEÑOR SABE. El sabe tus obras, que es lo que ocupa el centro de tu corazón. Tiemblo al pensar que Dios conoce todo de mí. ¿No te da temor esto? El Señor sabe… Frío, caliente, tibio. Según los conocedores de la Historia y Geografía bíblica aquí se hace referencia a las aguas de Laodicea. Esta ciudad no tenía fuente de aguas, y por ello recibía el agua desde dos zonas: la fuente termal de Hierápolis y la fuente fría de Colosas. Pero al llegar a la ciudad tanto la una como la otra se entibiaban y en vez de ser aguas sanadoras y refrescantes eran aguas que provocaban vómitos. Mirándolo así, el ser frío o ser caliente ambos son cosas positivas. Debemos ser cristianos llenos del Espíritu Santo y de la Palabra de tal manera que seamos refrescantes y seamos también encendidos para Dios. Vidas que refrescan y sanan. Sé pues celoso y arrepiéntete: Examinemos nuestra temperatura espiritual. Y si has fallado: alancéa el pecado, corre al propósito: la meta es Cristo y muestra la pasión, eliminando aún las cosas lícitas que impiden que el Señor tenga el primer lugar.





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